¡Tenemos que acabar con la violencia!

Dr. Mustafa Y. Ali

Un filósofo judío holandés, Baruch Spinoza dijo una vez que la paz no es la ausencia de guerra—es una virtud, un estado de ánimo, una disposición para la benevolencia, la confianza y la justicia. Los niños, jóvenes y viejos—todos nosotros, somos bombardeados con información y noticias sobre la violencia, la injusticia, el descortés, lo ilegal, lo inmoral, la falta de paz; llena de negatividad. Al convivir con un grupo de ex niños soldados (FCS, por sus sigla en inglés) de Uganda, y los que vienen de zonas de conflicto estos últimos meses, sus testimonios me conmovieron. Es evidente que sus vidas han sido confusas y arruinadas por la violencia extrema que se vieron obligados a participar en. Por desgracia, hoy en día, los niños están llevando cada vez más la carga de los conflictos, que están siendo heridos y asesinados en las guerras y los conflictos violentos en todo el mundo.

La violencia y la exposición a la violencia adormece la sensibilidad de los niños y dificulta su crecimiento. La Red Global de Religiones a favor de la Niñez (GNRC, por sus sigla en inglés) cree y afirma que cada niño es un don sagrado, un heredero de la Tierra, y un mensajero de esperanza y paz. Todo el mundo entiende que los niños merecen un mundo mejor. Personas de todas las religiones sienten una responsabilidad especial de orar y actuar para que cada niño pueda algún día vivir con dignidad, seguridad, bienestar y alegría. Tenemos que trabajar para lograrlo.

Y para lograrlo, primero debemos reconocer los 'valores profundamente humanos de la justicia, el respeto y el amor abnegado, para que los niños del mundo se acercen un poco más a la promesa de la atención que tanto necesitan.' Los niños que viven en condiciones de seguridad y confian en que su seguridad está garantizada trabajan para mantener esa seguridad en la edad adulta. Los niños que son apreciados y se sienten queridos seguirán el mismo ejemplo—apreciarán y cambiarán el mundo. Ellos se transforman en adultos compasivos, personas radiantes que transmiten el regalo de la paz a todos los que están a su alrededor—sus familias, sus comunidades, sus naciones y el mundo entero. Si cuidamos los corazones de los niños de hoy, estaremos más cerca de tener un mundo en paz en el futuro.

Me mantengo firme en mi creencia de que debemos empezar a plantar las semillas de la paz en la generación más joven, y por medio del diálogo interreligioso y la acción común, podemos manejar y poner fin a estos conflictos y atrocidades que siguen afectando a nuestros niños. En el trabajo por la paz mundial, el papel de los niños y los jóvenes son de vital importancia. La paz comienza conmigo, y se nutre por la tierna edad.