Presentaciones

Declaración del Primer Foro de la Red Global de Religiones a Favor de la Niñez

18 de Mayo 2000
Tokio, Japón
Cada niño que nace es un mensaje de que Dios no se ha olvidado de la humanidad, dice el poeta Rabindranath Tagore. Cada religión considera a su propia manera que la dignidad real e inviolable del niño está determinada por la realidad. Por este motivo, la realidad de un niño expresa -para cada religión de una forma distinta - el misterio y significado de la existencia humana. Todas las personas de creencias religiosas están de acuerdo en que cada niño es una promesa, un regalo sagrado, un compromiso del devenir. Nuestras diversas visiones religiosas le dan forma a nuestros enfoques para con los niños; nos llaman al arrepentimiento, a la esperanza, al compromiso.
 
Conmovidos por la difícil situación de los niños e impuestos por nuestros compromisos religiosos, nosotros, hombres y mujeres provenientes de todos los continentes y pertenecientes a varias religiones del mundo, hemos venido a Tokio, Japón, a inaugurar la Red Global de Religiones a Favor de la Niñez (GNRC), invitados por la Fundación Arigatou. Ya nos hemos involucrado de manera activa no sólo como individuos sino también en organizaciones dedicadas a los derechos, dignidad y bienestar de los niños. Estamos convencidos de que necesitamos cooperar los unos con los otros para resolver los problemas que aquejan a los niños.
 
¡Nuestros corazones se conmueven! Hoy en día nuestros niños se encuentren asediados.
 
Son las víctimas más comunes de los conflictos armados, se los obliga a matar como si fueran niños soldados, y mueren desproporcionadamente o quedan lisiados a causa de minas terrestres anti-personal. Los niños constituyen más de la mitad de la creciente población de refugiados o desalojados internamente. Como los más vulnerables, mueren y sufren penosamente a raíz de las sanciones económicas. La juventud se ve expuesta a un retrato perverso y grotescamente distorsionado de la violencia a través de la televisión, películas y otras formas de entretenimiento.
 
Todos los días mueren 30.500 niños – 11 millones por año – a causa de enfermedades que en su mayoría pueden prevenirse. Existen 200 millones de niños desnutridos. Otros 1,2 millones padecen HIV, y más de 11 millones han quedado huérfanos a causa del SIDA, la mayor parte de ellos en el África al sur del Sahara.
 
Pese a una prosperidad económica sin precedentes, más que nada en los países industrializados del norte y en relación a la rápida globalización, más niños que nunca nacen en la pobreza. Unas 1,2 mil millones de personas en países subdesarrollados, la mitad de ellas niños, viven en la pobreza absoluta, sobreviviendo con menos de un dólar por día. A raíz a las pobres condiciones económicas, las familias por lo general no tienen los recursos esenciales para el cuidado y el crecimiento de sus niños. Mientras a 60 millones de niños se los obliga a realizar trabajos abusivos y riesgosos, otros tantos no tienen hogar y se ven obligados a vivir en la calle, y por lo general sujetos a la opresión de las autoridades.
 
130 millones de niños de edad escolar, más de dos tercios de ellos niñas, están creciendo en el mundo subdesarrollado y no pueden ejercer su derecho a la educación, lo cual limita sus posibilidades de asumir el papel a desempeñar en la sociedad que ellos quisieran escoger. Las medidas autoritarias u otras formas de presión social coactivas también pueden ser nocivas para el desarrollo de los niños. Por lo general a los niños se les niegan los derechos religiosos, y la falta de educación religiosa los puede conducir a una pobreza espiritual. Para nosotros, la pobreza espiritual es una forma de carencia para los niños con consecuencias muy importantes.
 
Los niños son víctimas del abuso sexual y la explotación tanto en el hogar como en el ámbito comercial, incluidos los dos millones que cada año se convierten en víctimas de la industria sexual. Cada vez más, los niños de todo el mundo se ven expuestos a una interpretación superficial, distorsionada y con fines de explotación de su sexualidad, incluida la pornografía infantil, a través de películas, televisión e Internet.
 
Los niños están cada vez más expuestos a factores ambientales nocivos, incluidos el agua y el aire contaminados, la comida y la tierra envenenada, los peligros de la radiación, la deforestación, la desertificación. Están heredando un mundo desequilibrado, resultado del uso por lo general imprudente de recursos naturales no renovables.
 
Reconocemos que todas las condiciones deplorables mencionadas por lo general están interrelacionadas.
 
Estas sombrías realidades se pueden cambiar, y nuestra obligación moral es actuar sobre ellas. Nuestras tradiciones religiosas, culturas, economías, gobiernos, sociedades, comunidades y familias son responsables del bienestar de nuestros niños. Debemos reconocer en qué han fallado, y como personas religiosas reconocemos en particular y nos arrepentimos cuando nuestras tradiciones religiosas no han ponen en práctica sus perspectivas más profundas en relación a la dignidad de los niños. Los niños no son objetos. No tienen solamente el derecho a estar protegidos y cuidados; también deben ser reconocidos como sujetos de derecho para con sus propios destinos. Todas nuestras instituciones sociales deben ser transformadas y encargadas de proteger y cuidar, así como también de educar a nuestros niños como creadores de la sociedad. Nos alegramos por las múltiples señales que dan los niños que ponen en práctica acciones constructivas para el beneficio de todos.

Aunque nos estemos preparando para formar Grupos de Trabajo para poner en práctica medidas concretas (Ver Informes de grupo) convocamos a:

 
Hombres y Mujeres de Buena Voluntad
Para que se nieguen a tolerar el abuso hacia los niños, para que trabajen para protegerlos dentro de sus posibilidades, y que promuevan su total inclusión en familias fuertes, saludables y de buena crianza y en otras formas de sociedad.
Los medios
Para que se encarguen de educar al público, incluidos los niños, sobre la dignidad y la difícil situación de los niños, y que se impongan límites en cuanto al material degradante y de explotación sobre violencia y sexualidad.
Los gobiernos
Para que promulguen leyes destinadas a proteger a los niños en conformidad con la Convención sobre los Derechos del Niño y que lo reconozcan como un marco para poner en práctica acciones a favor de los niños. Para que re-distribuyan los recursos nacionales, y que reduzcan especialmente los gastos destinados a la compra de armas, para garantizar la protección, educación y el bienestar de los niños y sus familias. Para que desarrollen procedimientos y normas que vinculen la exoneración de la deuda de los países más pobres con prácticas en favor a los niños.
Las Organizaciones Intergubernamentales y en particular a las Naciones Unidas y su agencia, UNICEF
Para que respalden el estatuto de las Naciones Unidas de manera imparcial, para que ejerzan su mandato para monitorear y promover la conformidad de los Estados con la Convención sobre los Derechos del Niño, y para que se involucren en programas de educación y servicios activos en nombre de los niños. Para que continúen desarrollando asociaciones con los líderes y las organizaciones religiosas, con especial atención a la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 2001, la cual analizará los logros de la Cumbre Mundial por los Niños y establecerá una nueva agenda global para ellos.
Las Religiones
Para que divulguen entre los creyentes y la gente en general sus enseñanzas religiosas y morales más profundas para el amparo de los niños y la defensa de sus derechos. Para que movilicen sus instituciones sociales para que estén al servicio de los niños. Para que se involucren en programas multi-religiosos de acción en nombre de los niños, incluyendo la educación por la paz.
Todos Nosotros
Para que reconozcamos nuestras respectivas experiencias y tradiciones religiosas como recursos fundamentales en nuestro compromiso para nuestro trabajo por los niños. Para que movilicemos nuestro compromiso en la creación de coaliciones y asociaciones pertinentes entre nuestras organizaciones, y más allá de nuestras fronteras religiosas, a modo de fortalecer nuestras capacidades de responder de manera efectiva a la difícil situación de nuestros niños y aprender de ellos.
Fundación Arigatou
Para que les brinde asistencia religiosa a los individuos y comunidades para sostener la Red Global de Religiones a favor de la Niñez (GNRC), como una red centrada en los niños que se dedica a compartir información y a crear coaliciones de acción.
 
Los niños son nuestra fuente de esperanza, guardan una promesa, y nos ratifican lo sagrado de la realidad. Tenemos fuerza gracias a ellos y a los compromisos que hacemos unos con otros por ellos. En este contexto, reconocemos con gratitud a la Fundación Arigatou por iniciar, congregar y facilitar la GNRC.