Comisionado y el Relator sobre los Derechos del Niño
Comisión Interamericana de Derechos Humanos
Organización de Estados Americanos, OEA y
Anterior Experto Independiente de Naciones Unidas
para el Estudio del Secretario General de
sobre la violencia contra los niños

Tercer Foro de la Red Global de Religiones a favor de la Niñez (GNRC)
APRENDER A COMPARTIR Valores, Acción, Esperanza
Con la Fundación Arigatou, el UNICEF y la UNESCO
Centro Internacional de Conferencias de Hiroshima
Japón, 24 al 26 de mayo de 2008


Queridos Niños, Queridos Jóvenes

Señoras y señores,

Quisiera dar las gracias a la Red Mundial de Religiones a Favor de la Niñez (GNRC) a la UNESCO, al UNICEF y a la Fundación Arigatou por haberme invitado a este Tercer Foro y muy especialmente al Sr. Takeyasu Miyamoto y al embajador Samuel Koo. Quiero extender mis más cálidos saludos a mis amigos de la ONU, a los educadores, a los trabajadores del desarrollo y a los jóvenes, todos unidos para reafirmar el compromiso de garantizar los derechos de los niños en todo el mundo.

La violencia contra los niños no es un tema nuevo para la comunidad internacional. El Comité de los Derechos del Niño siempre ha abordado la prevalencia de diferentes formas de violencia. Graça Machel desarrolló un estudio sobre el Impacto de los Conflictos Armados en los niños. El Congreso Mundial de Yokohama contra la Explotación Comercial Sexual de los Niños que siguió a las actividades iniciadas en Estocolmo con la aprobación de la Declaración de Estocolmo sobre la explotación sexual puso en marcha acciones claras por parte de los gobiernos para hacer frente a este aspecto de la violencia contra los niños. La particularidad del Estudio Mundial del Secretario General de Naciones Unidas sobre Violencia contra los Niños que tuve la gran satisfacción de dirigir es el hecho de que abordase todas las formas de violencia (con la excepción de los niños en los conflictos armados) sin darles un orden entre ellos - porque considerar una forma de violencia menos grave que la otra no sería aceptable dentro de un enfoque de derechos humanos. El Estudio, quiero subrayar esto, está plenamente fundamentada en la Convención sobre los Derechos del Niño, que afirma que:

"Los Estados Parte adoptarán todas clase de medidas apropiadas, sean éstas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra todas las formas de violencia física o mental, violencia, injuria o abuso, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras que esté al cuidado de padre (s), tutor legal (s) o cualquier otra persona que tiene el cuidado del niño. " Artículo 19, Convención sobre los Derechos del Niño

La Convención sobre los Derechos del Niño no puede ser más clara: los Estados Parte debe garantizar la protección de los niños contra todas las formas de violencia, mientras que estén bajo el cuidado de personas o instituciones. La violencia no puede ser excusada. La Convención refuerza lo que ya se había asegurado en los diversos instrumentos internacionales de derechos humanos, tratados que se han desarrollado a partir de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Más allá de establecer la necesidad del pleno respeto de la integridad física y personal, la norma internacional reconoce la particular vulnerabilidad de los niños a la violencia y la consiguiente necesidad de reforzar las medidas para su protección.

La casi unánime ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño es prueba de este amplio apoyo. Lamentablemente, el impresionante respaldo dado a estos derechos a través de declaraciones muy bonitas e incluso de instrumentos jurídicos no es suficientemente traducido a la realidad por la mayoría de las instituciones gubernamentales.

Y, sin embargo, a pesar de todo compromiso sobre el papel, hay muchos que describen los derechos del niño como un tema suave en la agenda de derechos humanos, de alguna manera que no merecen la misma atención que se presta a las cuestiones más polémicas. Esto realmente limita la eficacia de cualquier iniciativa de lucha contra la violencia contra los niños. Precisamente cuando hay una preocupación reconocida y compartida y cuando todos los Estados son capaces de comprometerse totalmente a una serie de principios, debemos demostrar que estamos en condiciones de beneficiarnos de este apoyo.

El Comité de los Derechos del Niño, quiero repetir esto, ha expresado constantemente que la violencia contra los niños es una preocupación central. En 2000 y 2001 el Comité dedicó sus días de debate general a los problemas de la violencia del Estado contra los niños y la violencia en la familia y en la escuela. A través de diferentes debates siempre fue claro que a pesar del gran reconocimiento de la obligación de proteger a los niños contra la violencia, los niños de todas las edades sigue siendo con frecuencia vulnerables a la violencia en todas las regiones del mundo.

Inspirado por esta experiencia pionera de las Naciones Unidas, el Estudio del Secretario General sobre el impacto de los conflictos armados sobre los niños, la Comisión recomendó que se pida al Secretario General que llevara a cabo un estudio internacional a profundidad sobre la violencia contra los niños. Esta solicitud fue aprobada por la Asamblea General y la Comisión de Derechos Humanos, y en el 2003 tuve el honor de ser designado como Experto Independiente para dirigir el Estudio Mundial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre Violencia contra los niños – el primer estudio a nivel mundial sobre todas las formas de violencia que afectan a los niños fue preparado por el sistema de las Naciones Unidas.

El desarrollo del estudio

El alcance del estudio fue determinado por la Convención - que se ocupa de todas las formas de violencia que afectan a todos los niños hasta la edad de dieciocho años, con la excepción de la violencia en situaciones de conflicto ya que el mandato de la ONU sobre los niños en conflictos armados ya estaba en funcionamiento. La definición de violencia es la que está en el artículo 19 de la Convención, y también se basa en la definición que figura en el Informe Mundial sobre Violencia y Salud (2002): el uso deliberado de la fuerza física o el poder, de amenaza o efectivo, contra un niño, por una persona o grupo, que ya sea resultado o tenga una alta probabilidad de resultar en posibles daños a la salud del niño, su supervivencia, su desarrollo o su dignidad.

La preparación de un estudio de este tipo con alcance mundial y que abarcaba tantos temas fue aumentada a través de un verdadero proceso participativo. Con el apoyo decisivo de los gobiernos, entidades de las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales, el estudio logró convocar a una gran red de individuos y organizaciones en una serie de actividades tales como consultas al nivel regional, subregional y nacional, reuniones temáticas de expertos y visitas sobre el terreno. En marzo de 2004, un detallado cuestionario se envió a los gobiernos sobre sus enfoques a la violencia contra los niños, 136 países respondieron a la solicitud dándonos una imagen única sobre los enfoques actuales sobre el tema. Para garantizar un conocimiento profundo, el estudio también se hizo una amplio esfuerzo para combinar en su análisis el conocimiento de los profesionales con distintos conocimientos y de diversos sectores, desde abogados a expertos en salud pública, de trabajadores sociales a educadores.

Otro elemento decisivo en este interesante proceso fue la decisión de garantizar la participación significativa de los niños y los jóvenes. Un esfuerzo especial se hizo, con el apoyo de las organizaciones no gubernamentales, para garantizar que los niños y los jóvenes tuvieran el derecho de ser oídos y respetado en un trabajo que se ocuparía de cuestiones tan relevantes para sus vidas.

Este proceso difícil del estudio fue diseñado para reunir el conocimiento existente y experiencia en el campo de la violencia contra los niños - a fin de reflejar todas las regiones de el mundo y las múltiples facetas del problema, así como sacar a la luz el formidable número y la calidad de prácticas prometedoras, dentro de un auténtico marco mundial, con el potencial para hacer el mensaje clave del estudio una realidad: Ninguna violencia contra los niños es justificable - Toda violencia es prevenible.

Conclusiones y recomendaciones del estudio

El estudio pide que se ponga fin a todas las justificación de cualquier forma de violencia contra los niños. También señala que la violencia "no es un accidente" - la violencia puede y debe prevenirse - y la violencia contra los niños no puede ser legal en ningún país o en ninguna situación. Más importante aún, el estudio propone una serie de recomendaciones muy concretas para centrar la labor que los Estados miembros de poner en forma conjunta --con las organizaciones internacionales, las organizaciones regionales y la sociedad civil --en práctica su compromiso de proteger a los niños de todos los actos de violencia. En mi informe he presentado un conjunto de doce recomendaciones generales y recomendaciones específicas que se aplican a las cinco situaciones abordadas por el estudio.

El estudio confirmó que a pesar de que la violencia contra los niños es uno de las más claramente condenadas como forma de violencia, es posiblemente uno de las formas más invisibles y prevalentes. La violencia sigue siendo impune y no registrada, siendo a veces incluso tolerada por la sociedad bajo el disfraz de disciplina o tradición. La insuficiencia de la justicia y de los sistemas de seguridad, y los pretextos de privacidad o de una incontestable autoridad por parte de los adultos sobre los niños son utilizados para proteger a los autores y mantener la violencia contra los niños aislados por muros de silencio.

El estudio también afirma que la violencia contra los niños tiene una variedad de formas y está influenciada por una amplia gama de factores, desde las características personales de la víctima y del autor hasta sus entornos sociales, culturales y físicos entornos. El desarrollo económico, la condición social, la edad, el sexo y el género se encuentran entre los múltiples factores asociados con el riesgo de violencia. A pesar de las consecuencias de la violencia pueden variar en función de su naturaleza y gravedad, las repercusiones a corto y a largo plazo son a menudo muy graves y perjudicial.

Basándose en estos resultados, el Estudio hace 12 recomendaciones generales para reforzar la protección de los niños de la violencia. Estas recomendaciones se centran en la responsabilidad de los gobiernos en toda la amplia gama de sectores relacionados con las diversas formas de violencia y los lugares en los que ocurre, y les alienta a tomar acciones con otros socios. Muchas de las recomendaciones han sido escuchadas antes, pero nunca antes los diferentes sectores y cuestiones pertinentes a la violencia se reunieron en un marco unificador para la acción.

Como se indica claramente en la jurisprudencia internacional, el Estudio insta al establecimiento de una base explícita y de un marco de ley y políticas en los que todas las formas de violencia contra los niños en todos los ámbitos, incluidos todos las prácticas tradicionales nocivas, todos los actos de violencia sexual y todos los castigos corporales sean prohibidos. Las leyes ciertamente no garantizan cambio inmediato, pero sin un marco jurídico adecuado los cambios probable no se darán.

Así como los Estados tienen el deber de prevenir y responder a la violencia, el Estudio hace un llamamiento para fortalecer del compromiso nacional y la acción mediante estrategias continuadas y coordinadas. Las políticas eficaces deben integrar a los diferentes sectores del Gobierno , deben ser sistemáticas y basarse en los principios de los derechos humanos. Los efectos a largo plazo y sostenibles sólo son alcanzables con la adecuada integración de estos las políticas nacionales en los procesos de planificación y en los presupuestos.

El estudio también hace hincapié en la inversión en la prevención como el uso más eficaz de recursos para reducir la violencia contra los niños. Si bien hay una gran cantidad de información sobre los factores de riesgo asociados con la prevención de la violencia, muy poco se hace para hacerles frente. Es lamentable que la violencia es con tanta frecuencia tratada a través de medidas reactivas y represivas en detrimento de políticas a largo plazo que traten las causas profundas.

En donde la violencia se está produciendo, los mecanismos de detección temprana deben estar en el lugar y las víctimas deben contar con la asistencia necesaria. Debemos proporcionar a los niños víctimas de todas las formas de violencia con servicios sensibles, integrada y de alta calidad sea estos jurídicos, de salud y sociales, centrados en la recuperación, rehabilitación y reintegración. En este sentido, los sistemas de protección
y los servicios accesibles y adaptados a los niños son insustituibles. Las experiencias exitosas de formas simples, accesibles, y bien publicitadas para los niños o sus representantes para poder denunciar la violencia --dondequiera que ocurra-- deben reproducirse más ampliamente.

Como el proceso de estudio también demuestra, debemos reconocer y respetarlos niños como socios. Si realmente queremos construir políticas que tengan en cuenta la sensibilidad del niño debemos crear y apoyar los mecanismos y estructuras para garantizar la plena participación de los niños en todos los aspectos de prevención y respuesta de conformidad con sus mejores intereses.

Debemos, además, mejorar nuestra comprensión general de este problema oculto y buscar cómo prevenirlo y cómo responder más eficazmente a él. Esto sólo es posible a través de la recopilación sistemática de datos y de la investigación. Sin datos comparables y fiables el impacto de las medidas adoptadas no puede interpretarse. Sin registro universal de los nacimientos o de datos fidedignos sobre las causas de mortalidad es prácticamente imposible promover políticas sólidas contra la violencia. El fortalecimiento de la capacidad para vigilar y analizar la situación en la que se produce la violencia pueden y deben utilizarse para informar y mejorar los programas.

Retos para el camino a seguir

Más de un año después del lanzamiento del Estudio, hay indicios de que este proceso está ayudando a elevar la conciencia mundial sobre la difícil situación de los niños víctimas de la violencia. La audiencia de las organizaciones internacionales, regionales y nacionales reconoce la prevalencia del problema y reafirman el compromiso de eliminarlo. Un reto fundamental que tenemos por delante es convertir a las diferentes recomendaciones propuestas por el Estudio en estrategias prácticas que sean pertinentes a las diversas realidades que existen en todo el mundo.

Antes de este estudio, los esfuerzos internacionales ya habían llamado la atención a cuestiones tales como la participación de niños en los conflictos armados, el tráfico o la explotación sexual de los niños. La promoción de un Estudio centrado en todas las formas de violencia amplió la agenda, programa, poniendo de relieve cuestiones que con demasiada frecuencia han estado ausentes de la discusión internacional sobre los derechos del niño, tales como la situación de los niños en sus propios hogares, en las escuelas o en la atención y los sistemas de justicia supuestamente responsables de su bienestar. El Estudio también llama la atención al hecho de que es necesario adoptar medidas tanto en las regiones ricas como en las pobres.

El éxito o el fracaso en la eliminación de la violencia contra los niños, estará, con toda seguridad, asociado a la capacidad de mantener un coherente y continuo enfoque a este problema en diversos contextos en todo el mundo. Quizás, la principal contribución de este Estudio de la ONU haya sido lograr un marco lógico que es multi-disciplinario, combinando la experiencia de todos los agentes pertinentes en el proceso de prevención y respuesta a la violencia. Tanto en los planos internacional y nacional es esencial para asegurar un nivel de atención alto, continuo y coordinado al tiempo que se aborda la diversidad de cuestiones planteadas por el Estudio de la ONU sobre la Violencia contra los Niños.

Tras la conclusión del estudio, después de años de acumulación de recomendaciones hechas por el Comité de los Derechos del Niño, y numerosos esfuerzos internacionales adicionales, no es posible hacer caso omiso de la necesidad urgente de invertir seriamente y en la protección del niño contra la violencia, y no es posible seguir haciendo caso omiso de que la violencia es tolerada todavía en muchos lugares en contradicción con principios básicos de derechos humanos. Los mecanismos y estrategias disponibles no son aún aplicados adecuadamente para cambiar, de manera eficaz, los patrones que aún permiten tanta violencia. No se pueden aceptar excusas para la inacción. La comunidad internacional no puede fallar en un asunto que ha tenido consenso, y los niños no pueden esperar más.